Él siempre habló de más, siempre lo imbadió miedo. Sin importar cuantas estaciones hayan pasado ante sus ojos todavía quedaban algunas minúsculas cosas que en cierta manera los unían, de la misma que otras casi imperceptiblemente iban desapareciendo y aumentando la distancia entre ellos. Alguna carta que cambiaba de color, alguna canción que escuchaban juntos tiempo atrás, algunas calles que caminaban diariamente y esa hora del día en la que solían encontrarse. Alguna estúpida frase que solo ellos lograban darle sentido, alguna foto muy bien guardada en el fondo de un cajón esperando ser encontrada, algún aroma que viajaba en una brisa y algún que otro idiota que todavía se atreve a preguntar. Aquella cama vacía y algún encuentro que aún quieren concretar. Ella entendió que estas cosas solo lograban limitarlos a seguir con sus vidas, fuera de la manera que debía ser. Ella finalmente comprendió que ese miedo con el que él convivía se reflejaba en el reiterado pensamiento de creer sabérselas todas y hasta él, muy en el fondo, sabe que no es de esta manera. Es triste. Ahora todo es tuyo o mío, nada nuestro. Ahora sos vos o yo, ya no queda más espacio para nosotros.
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