Ella se encargó de apagar la última vela que iluminaba la habitación vacía, unas dulces palabras que salían de su boca en la oscuridad le hacían creer que todo era una mentira. No había nada más para fingir y notó que esa casa vacía no era su lugar-ese sentimiento de no pertenecer-. Él se durmió y sin notarlo esos altos techos que tanto les gustaba escalar se convirtieron en cimas inalcanzables. Con él dormido en la misma cama, sintió por un momento el miedo de sentirse desplazada del lugar que ilusamente creía que le pertenecía, mirando el techo blanco ya se estaba despidiendo de él internamente casi sin saberlo. Algo había muerto, esa pared que él había construido con sus propias manos tiempo atrás en la que ella se apoyaba se había derrumbado sola. Tres horas más tarde el alba se había encargado del resto. En la puerta de salida él le dijo con la mirada: "espero saber de vos" y ella, sin entender cómo podía alguien tener la capacidad de dejarle el mundo tan vacío, subiendo a un taxi con su sonrisa dejaba más que claro que nunca más lo iba a hacer.
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